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	<title>Ciberandes - Magazín &#187; Historias de Aventureros</title>
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		<title>Crónica de un viaje inesperado a la Comunidad de Kamarata</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jul 2015 19:43:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ciberandes]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Arte y Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historias de Aventureros]]></category>
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		<category><![CDATA[Turismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Por: Ramón Rodríguez Figueroa Fue hace varios años la última vez que visite el Parque Nacional Canaima, en el Sur de Venezuela en la frontera con Brasil y la Guyana Británica. Nuestro guía Félix, un Pemón nativo, que amablemente nos llevo a la asombrosa cascada más alta del mundo Churún-Merú/ Churún-Vena, mejor conocido bajo el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por: Ramón Rodríguez Figueroa<br />
</strong><br />
Fue hace varios años la última vez que visite el Parque Nacional Canaima, en el Sur de Venezuela en la frontera con Brasil y la Guyana Británica. Nuestro guía Félix, un Pemón nativo, que amablemente nos llevo a la asombrosa cascada más alta del mundo Churún-Merú/ Churún-Vena, mejor conocido bajo el nombre de Salto Ángel. Los indígenas Pemón han contemplando esta caída de agua desde hace muchos años, pero fue en el año 1937 que fue introducida al resto del mundo por el aventurero y piloto James (Jimmy) Ángel.</p>
<p><strong>Primeras impresiones</strong></p>
<p>Personalmente, y también profesionalmente, siempre me he interesado en las lenguas indígenas de Venezuela, pero en aquel momento no me habría imaginado que algunos años más tarde estaría visitando esta remota región, con fines de recolectar información acerca de esta interesante y ancestral lengua. Nuestro guía en aquel entonces nos dio algunos detalles sobre la situación de la lengua Pemón dentro del Parque Nacional Canaima. Fue entonces evidente la existencia de tres variedades de hablas dispersadas en esta área, las cuales están en un contacto constante, y como resultado de eso han ido cambiando a un ritmo regular, ya sea por la persistente influencia del castellano o por otras circunstancias internas. La comunidad de Canaima es el punto principal de llegada para los visitantes del parque nacional. Muchos nativos de esa región pasan meses trabajando ahí como guías o en los alojamientos turísticos. Algunos de ellos también asisten a la única institución de educación superior con asiento en esta comunidad. Teniendo en cuenta el aislamiento de la zona, no es difícil imaginar la escasez de empleo, especialmente afectando a las generaciones más jóvenes. Todo esto ha creado una situación muy peculiar en cuanto al lenguaje y la cultura indígena, hasta llegar al punto de encontrarnos con la perdida de costumbres y valores específicos de esta etnia indígena. A través de nuestros primeros contactos con el pueblo Pemón pudimos observar influencias ajenas a sus costumbres, las cuales obviamente proceden de una sociedad con valores ajenos a esta comunidad indígena. Al final de nuestro viaje y después de algunos comentarios sobre su lengua nativa, Félix nos sugiere visitar la comunidad de Kamarata al sureste del macizo Auyán-tepui: si buscas hablantes nativos del Kamarakoto (una de las variedades Pemón habladas en el parque nacional) tienes que visitar la comunidad de Kamarata, aquí en el pueblo Canaima nadie habla bien nuestra lengua, pues ya se ha mezclado mucho con el castellano. Y fue así entonces como nació la idea de un posible proyecto de documentación de la lengua Kamarakoto y la primera visita a Kamarata.</p>
<p>Kamarata es un antiguo pueblo Pemón en el río Akanan, sureste a los pies del Auyán-tepui con alrededor de 3 mil  habitantes. Desde que fue descubierto como punto de acceso alternativo para el Salto Ángel, ha sido punto de referencia para los aventureros de esa zona. En Kamarata hay unos pocos lugares sencillos para alojarse y comer, también existe una pista de aterrizaje. Sin embargo, la mayor parte del tráfico de turistas se ha desplazado a Kavac, un paseo de dos horas desde Kamarata, o un corto viaje por un rústico camino de tierra.</p>
<p><strong>Planificación y contratiempos</strong></p>
<p>De regreso en la vida cotidiana y después de una pesquisa sobre el estatus del Kamarakoto, fue evidente la falta de acceso al material tanto didáctico como académico sobre la lengua Kamarakoto en su estado actual. Sin embargo hay que reconocer los trabajos de documentación de esta lengua por los misioneros Armellada (1943-44), Armellada y Olza (1999), Gutiérrez Salazar (2011) (trabajos pioneros y descriptivos para los dialectos Taurepang y el Arekuna) y también George G. Simpson (1940)(vocabulario Kamarakoto) entre otros. Para ese entonces las primeras ideas sobre un proyecto de documentación lingüística surgen gracias al apoyo financiero de la Universidad Philipps de Marburg, y de nuestro mentor y jefe quien nos animó a realizar el primer viaje, y así hacer posible el primer encuentro con la comunidad de Kamarata y sus habitantes. Esta comunidad es de difícil acceso por vía terrestre, ya que no existen carreteras que conecten la comunidad con algunos poblados fuera del parque nacional. En caso de existir alguna vía conectando Kamarata con las afueras del parque, ésta debe estar en un estado precario y no debe ser transitable en todas las épocas del año, ya que a mi conocer no hay ninguna institución gubernamental que se haga cargo de ella. El transporte más común en la zona es por vía aérea, ya sea para transportar a personas, alimentos o cualquier otro artefacto que se requiera,  la desventaja es el alto costo de este transporte.</p>
<p>En cuanto a nuestro viaje a Kamarata tuvimos la suerte de recibir el apoyo de la organización no-gubernamental <em>Angel Conservation</em> (angelconservation.org), la cual realiza trabajos culturales conjuntamente con las poblaciones indígenas. Su presidente Paul Stanley fue de gran ayuda con toda la logística de nuestro viaje a Kamarata y organizando nuestra estadía, pero también nos introdujo cordialmente en la comunidad, lo cual facilito de gran manera el buen recibimiento del proyecto.</p>
<p>Al momento de emprender nuestro viaje aparecieron otros problemas cuyas soluciones estaban definitivamente fuera de nuestro alcance. A comienzos de 2014 se produjeron fuertes protestas civiles en las principales ciudades de Venezuela. Estudiante de diferentes universidades se lanzaron a las calles bloqueando las vías principales y combatiendo a la policía durante más de dos meses. Las universidades estaban cerradas, las clases suspendidas en todo el país, la vida cotidiana en Venezuela estuvo en toque de queda por varias semanas. Los estudiantes estaban luchando por un país con menos delincuencia, más derechos sociales, libertad de expresión; protestando también por la escasez de alimentos y el alto costo de la vida. La situación era tan crítica que el gobierno tuvo que tomar acciones y comandó a las fuerzas militares para combatir a los estudiantes. Las deseadas discusiones de mesas entre los estudiantes opositores al gobierno y las autoridades del gobierno no tuvieron lugar sino hasta después de varias muertes. Viajar a Venezuela en ese momento simplemente no valía la pena, y era un riesgo que no quisimos tomar. A mediados de mayo de 2014 la situación se había tranquilizado, todo estaba a favor de nuestro viaje y finalmente pudimos viajar a Venezuela. Gracias a la organización <em>Angel Conservation</em> viajamos cómodamente desde Valencia pasando por Caracas hasta Puerto Ordaz, unas de las últimas ciudades antes de la majestuosa Gran Sabana, que abarca gran parte del territorio Sur de Venezuela hasta llegar a la frontera con Brasil. Pero nuestro recorrido aún no había terminado. Nuestro vuelo al Valle de Kamarata había sido reservado desde Ciudad Bolívar, a una hora de distancia de Puerto Ordaz (los vuelos son más baratos desde esta ciudad hasta Kamarata, quizás porque el aeropuerto es más pequeño). Una vez en Ciudad Bolívar solo tendríamos que esperar por nuestro vuelo.</p>
<p><strong>Sobrevolando Canaima</strong></p>
<p>Para ser honesto, si usted tiene miedo a volar o miedo a las alturas, este medio de transporte probablemente no sea</p>
<div id="attachment_4812" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><a href="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/07/ramon_cronica_4.jpg" rel="lightbox[4808]" title="Foto: © Ramón Rodríguez Figueroa"><img class="size-medium wp-image-4812" src="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/07/ramon_cronica_4-300x169.jpg" alt="Foto: © Ramón Rodríguez Figueroa" width="300" height="169" /></a><p class="wp-caption-text">Foto: © Ramón Rodríguez Figueroa</p></div>
<p>la mejor opción. Lamentablemente (y quizás también sea por suerte si se toma en cuenta que es una región protegida y aspira a la preservación de flora y fauna) ésta es la vía más rápida y también la única para llegar a Kamarata desde el exterior del parque nacional. Tomando en cuenta la densa selva tropical que divide Kamarata con el resto del país, uno se da cuenta muy rápido de que la mejor manera de llegar es en avión. El Parque Nacional Canima abarca un área cuya extensión es alrededor de 30 mil km2, a más de 550 km de Ciudad Bolívar, y como mencione anteriormente no hay calles que conecten Kamarata con el exterior del parque nacional. Esta imagen se vuelve aún más presente cuando las avionetas Cessnas de seis puestos sobrevuelan la selva. Estas pequeñas y ligeras aeronaves nos llevaron sanos y salvos hasta Kamarata en una hora y 45 minutos. En el transcurso del viaje pudimos admirar una magnífica vistas de los ríos, que van atravesando la selva tropical como una serpiente; montañas increíbles de cima plana que inmediatamente nos recuerdan a “El Mundo Perdido” de Arthur Conan Doyle.</p>
<p>Después de más de media hora contemplando este increíble paisaje desde el aire, un remoto poblado comienza a aparecer en el horizonte, estamos ansiosos por aterrizar y finalmente dejar de escuchar la ruidosa hélice del avión. Aterrizamos en una pista de tierra rojiza y fuimos recibidos por algunos lugareños que nos llevaron al lugar donde pernoctaríamos las próximas semanas. De inmediato comenzamos a sentir el fuerte calor, la humedad y los mosquitos, todo muy típico de esta zona en esta época del año. Nos hospedamos en la casa de Santos, el dueño de uno de los albergues disponibles en Kamarata. Junto a Ioana Fugaru, mi compañera de trabajo y en la vida, también nos acompañaban en este viaje la profesora Camacho de la Universidad del Zulia y una de sus alumnas. Los cuatros compartimos una churuata (típico techo indígena) donde dormimos en hamacas. La señora Dolores, esposa de Santos, gentilmente cocino para nuestro equipo todos los días.</p>
<p>Nuestra primera visita fue a una escuela primaria en las cercanías de Kamarata. Aquí tuvimos la oportunidad de conocer a algunos maestros, los cuales nos ayudarían luego con algunas traducciones del kamarakoto al español. Antes de comenzar con el proyecto de documentación tuvimos que pedir permiso a la comunidad, y ésta tiene que estar de acuerdo con los objetivos del proyecto. En una asamblea general realizada pocos días después de nuestra llegada, conjuntamente con el Capitán de Kamarata (este nombre llevan los jefes de cada poblado, anteriormente conocidos bajo el nombre de “caciques”) discutimos durante varias horas acerca de nuestro propósito. Finalmente aprobaron el proyecto bajo algunas condiciones, una de ellas, y quizás la más importante, es que todo los recursos obtenidos, digitalizados y procesados del idioma Kamarakoto deberán ser de libre acceso para la comunidad, y también los miembros de la comunidad podrán tomar decisiones en cuento al desarrollo y el uso de estos recursos. Nosotros también estuvimos de acuerdo. No me propongo en este espacio describir los aspectos técnicos del proyecto el cual aún está en pleno desarrollo, lo que quiero acá es dar una crónica de nuestro primer viaje a este maravilloso lugar en los confines de Venezuela, pero espero tener la oportunidad en otra edición de comentar con más detalles algunos aspectos interesantes de esta lengua indígena.</p>
<p><strong>Trabajo de campo en Kamarata y comunidades cercanas</strong></p>
<div id="attachment_4810" style="width: 250px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/07/ramon_cronica_2.jpg" rel="lightbox[4808]" title="Foto: © Ramón Rodríguez Figueroa"><img class="size-medium wp-image-4810" src="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/07/ramon_cronica_2-240x300.jpg" alt="Foto: © Ramón Rodríguez Figueroa" width="240" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Foto: © Ramón Rodríguez Figueroa</p></div>
<p>En el transcurso de nuestro viaje hicimos tres expediciones importantes que me gustaría relatar en este espacio. La primera expedición tomó dos horas en canoa hacia el Sur por el río Akanan y luego el río Kamadak hasta llegar a la comunidad de Awuaraparü, en el camino también visitamos otras pequeñas comunidades. Los miembros de estas comunidades viven la mayor parte del año aislados y sin contacto con las demás comunidades, debido a la gran distancia entre ellas. Sin embargo, nunca percibimos alguna frustración por parte de los habitantes, en la mayoría de los casos se sentían orgullosos y felices de vivir en estas localidades y de ser Pemón. Awaraparü es una comunidad remota con pocos habitantes, pero al mismo tiempo llena de tranquilidad y con un paisaje inolvidable. Aquí no hay caseríos agrupados o juntos, cada quien tiene un pequeño terreno donde construye su casa y vive con su familia. El centro de la comunidad es la escuela primaria a donde los niños asisten con muchas ganas, pues no hay mucho que hacer por esa zona. Los lugareños nos invitaron a dormir en la pequeña escuela rural, de hecho, era el único lugar donde podíamos dormir. En Awaraparü no hay turismo masivo, o pensiones, sólo vive gente humilde y conocedores de esta cultura ancestral. Conocen la selva, sus remedios, sus tierras, sus caminos y sus ríos. Definitivamente unos de los lugares que más nos sorprendió, quizás porque no sabíamos de su existencia, ni de que algún día lo visitaríamos. También fue una experiencia excelente para aprender más de la cultura Pemón y su lengua.</p>
<div id="attachment_4811" style="width: 160px" class="wp-caption alignright"><a href="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/07/ramon_cronica_3.jpg" rel="lightbox[4808]" title="Foto: © Ramón Rodríguez Figueroa"><img class="size-thumbnail wp-image-4811" src="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/07/ramon_cronica_3-150x150.jpg" alt="Foto: © Ramón Rodríguez Figueroa" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Foto: © Ramón Rodríguez Figueroa</p></div>
<p>Nuestra secunda expedición inicio nuevamente desde Kamarata, con dirección al Sureste del Auyán-Tepui hasta la localidad de Kavak por vía terrestre. Kavak es un lugar turístico muy conocido en las agencias de turismo en Venezuela. Aquí se encuentran varias posadas, todas con dueños locales. Nuestro equipo fue hospedado en la más grande y antigua posada, la cual pertenece a la comunidad de Kamarata. En esta posada trabajan miembros de la comunidad y todo el dinero de ésta va directamente a la caja de ahorros de la comunidad para luego decidir qué hacer con él conjuntamente con los miembros de la comunidad, esta idea me pareció excelente. Nuestro viaje a Kavak fue primordialmente con el propósito de entrevistar a dos jóvenes que querían compartir su conocimiento de la lengua con nuestro proyecto. Las dos hermanas nativas de Kamarata, con gran interés en el idioma nos ayudaron a completar parte del vocabulario básico necesario. Arturo, nuestro guía y colaborador, en una hermosa tarde después de horas de trabajo, nos mostró la famosa y sagrada cueva de Kavak, una caída de agua escondida en un cañón.</p>
<p>Los últimos días visitamos la comunidad de Uruyén donde principalmente trabajamos en las traducciones de textos y leyendas de la Cultura Pemón, todo esto gracias a la ayuda de nuestro guía Arturo. Finalmente regresamos a nuestro punto de partida en Kamarata donde revisamos y documentamos nuestro trabajo, y concluimos los puntos en los que deberíamos  trabajar a partir de ese momento. Para concluir, en pocas palabras, fue una experiencia inolvidable. Nos sentimos muy orgullosos de haber trabajado en ese maravilloso lugar y haber compartido vivencias con los Pemón que son un pueblo encantador con una rica cultura la cual se debe preservar para mostrar a futuras generaciones el legado indígena de Venezuela. Espero poder relatar más de nuestros viajes al Parque nacional Canaima en el futuro. Si están en Venezuela no pierdan la oportunidad de visitar Canaima y la Gran Sabana, un viaje  que seguramente recordaran para siempre con alegría y encanto.</p>
<div id="attachment_4813" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/07/ramon_cronica_5.jpg" rel="lightbox[4808]" title="Crónica de un viaje inesperado a la Comunidad de Kamarata"><img class="wp-image-4813 size-medium" src="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/07/ramon_cronica_5-300x169.jpg" alt="" width="300" height="169" /></a><p class="wp-caption-text">Foto: © Ramón Rodríguez Figueroa</p></div>
<p><strong>Literatura</strong><br />
<span style="font-size: 8pt;">Armellada, R. P. Fray Cesáreo de OFM Cap. 1943. Gramática y diccionario de la lengua Pemón. Caracas: Artes Gráficas </span><br />
<span style="font-size: 8pt;">Armellada, R. P. Fray Cesáreo de OFM Cap. y Jesús Olza SJ. 1999. Gramática de la lengua Pemón (Morfosintáxis). Caracas: Universidad Católica Andrés Bello. </span><br />
<span style="font-size: 8pt;">Celsa Señaris, J, Daniel Lewy y Carlos Lasso. 2009. Biodiversidad del Parque Nacional Canaima: Bases técnicas para la conservación de la Guayana venezolana. Caracas: Fundación La Salle de Ciencias Naturales.</span><br />
<span style="font-size: 8pt;">Gutiérrez Salazar, Mariano Mons. OFM. 2001. Gramática didáctica de la lengua Pemón. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello. </span><br />
<span style="font-size: 8pt;">Simpson, George Gaylord. 1940. Los Indios Kamarakotos. Revista de Fomento III (EE. UU de Venezuela, Ministerio de Fomento). 201-660.</span></p>
<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-right rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-right"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-48090" data-img="https://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/07/ramon_cronica_1.jpg"></div></div></td></tr></table>]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>Cenizas de amor</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Jun 2015 18:04:47 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Por: C² —¡¡Aaahhh!!— grito largo. —¿Qué pasó?— se sobresalta. —Nada, ¿no sabes qué lenguaje es ése?— la calmo. —Ilústrame— —Es el bohemio, en estado ebrio, pidiendo “dos máás mooozooo”— —Mira tú — —¿No sabías?— —Si lo viera en ese contexto, lo reconocería— —Así es, pero cuando oigas “¡¡Aaahhh!!” es el borrachín, con la señal de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por: C²</strong></p>
<p><a href="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/Hombre_fumando.jpg" rel="lightbox[4458]" title="Hombre_fumando"><img class="alignright size-medium wp-image-4460" src="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/Hombre_fumando-300x296.jpg" alt="Hombre_fumando" width="300" height="296" /></a>—¡¡Aaahhh!!— grito largo.<br />
—¿Qué pasó?— se sobresalta.<br />
—Nada, ¿no sabes qué lenguaje es ése?— la calmo.<br />
—Ilústrame—<br />
—Es el bohemio, en estado ebrio, pidiendo “dos máás mooozooo”—<br />
—Mira tú —<br />
—¿No sabías?—<br />
—Si lo viera en ese contexto, lo reconocería—<br />
—Así es, pero cuando oigas “¡¡Aaahhh!!” es el borrachín, con la señal de “victory” en la cantina—<br />
—Me lo estoy imaginando—<br />
—Yo al principio, me reía, por condescendencia. Una vez en Lima, en mi barrio, los patas borrachos, en una cantina clandestina, sentados en sillas de paja, levantaban la mano con la señal de V, pensaba que habían ganado algo, pero ya ves, no era así—<br />
—Qué loco—<br />
—Mi primo había pedido una caja de cerveza, sobrio, coge su cigarrillo, aspira profundo, color plata y plomo, cual moco de pavo, cuelga la ceniza, la yema del índice toca suave el pucho blanco, choca con el canto del vaso, la ceniza se esparce en la cerveza—<br />
—Salud, primo— brinda conmigo.<br />
—Pegado al espaldar de la silla observo absorto beber esa mezcla. No le veía lógica, me asusto, que mi primo, no mareado aún, se esté cruzando. Deseaba emborracharse rápido. Para eso era la ceniza en el vaso de cerveza—<br />
—¡Qué bestia!—<br />
—Ya tú ves—<br />
—Sí, hay maneras de olvidar—<br />
—Sí. Es que estaba, en ese tiempo, enamorado de una puta, deseaba contarlo, no podía sino en estado etílico—<br />
—Por lo doloroso del asunto—<br />
—Así es, eso fue en una cantina clandestina de esteras, a puerta cerrada, para ser más exacto, a puerta trancada—<br />
—¿Estás ya escribiendo tu libro?—<br />
—Yo, no, pero tengo algunos apuntes, relatos, poemas, no es fácil escribir—<br />
—No, no lo es. Es talento, es disciplina, es técnica—<br />
—Sí, es cierto. Mi primo, estaba enamorado algunos años de esa bella chica que trabajaba en Ventanilla, de prostituta. Se enamoró de verdad. A tal extremo que casi le cuesta la vida, le dejó huellas en cuerpo y alma, pues no ha podido encontrar otra. En cuerpo, riñón e hígado parchados, fémur, tibia y peroné entornillados—<br />
—Esos amores imposibles, qué energía para dar a eso que no tiene un buen fin—<br />
—Así es. Ella accedía íntimamente a todos sus deseos, era hombre feliz, ahora caminaba erguido, varonil. A pesar que trabajaba, ganaba bien, vendiendo hielo<br />
en el terminal pesquero de Ventanilla, no podía ofrecerle lo que ella exigía si dejaba su trabajo—<br />
—Pero se enamoró—<br />
—Sí. E iba regularmente a buscar su olor—<br />
—Ese olor era mezcla de Yanbal y esperma— lo atropello.</p>
<p>Me queda mirando, se asa, esquiva la vista.</p>
<p>—Pues así huelen las putas en los prostíbulos de Lima— lo tranquilizo.<br />
—Oh, te las conoces—</p>
<p>Muchos años después nos encontramos nuevamente en un bar latino, en Berlín.</p>
<p>—¿Tú andabas también en el trocadero?— me pregunta curioso.<br />
—No, no andaba, olía todos los días ese agradable aroma—</p>
<p>Se había olvidado que mi tía era puta en el Callao, ella vivía en mi casa, niño yo aún.</p>
<p>—Que historias de vida, qué es de tu tía—<br />
—Eso es mi barrio y mi gente. De ahí que siempre me gustó el desodorante Yanbal—<br />
—Que ya ni existe—<br />
—Claro, ya no existe, pero ese olor está en el subconsciente. El olor te transporta. Por eso antes, cuando hacía el amor, buscaba en la mujer ese olor—<br />
—Como que se me hace fácil imaginarlo—<br />
—Jodida la mente del individuo—</p>
<p>La quería tanto que no tenía otro tema de tertulia. Después del trabajo, contento de haber vendido esta vez más del promedio, decidió emborracharse para olvidarla.</p>
<p>—Hieeelo, hieeelo, hielo pitóóó— la frase revienta en su mente.</p>
<p>Se tomó varias al polo. No recordó más. Había ido esa noche a verla en su centro de trabajo, la vio sola, en la puerta de su recámara, la luz tenue resalta su femenina silueta, no tiene clientes, sintió su erótico aroma, la amó de por vida. Ella no le cobró, sentía también algo por él.</p>
<p>—Quédate, estás mareado— lo incitó, sin saber porqué.</p>
<p>No atinó palabra alguna, salió del cuarto, resuelto, el pantalón ajustado, caminó la calle, no supo si llorar o reír, se le opacó la vista.</p>
<p>—Debí haberle hecho caso, primo— escucho su voz apagada.</p>
<p>Borracho, solo, parado en la penumbra, pensó volver, se acordó de la maldita panamericana.</p>
<p>—Quítate de la vía perico— entonó la frase de Cortijo y su Combo.</p>
<p>Pensó en ella, sonrió. No sintió el impacto. El ómnibus interprovincial, se había salido un tanto de la pista. A insistencia de los pasajeros el chofer detuvo el vehículo, voluntarios corrieron a verlo. Lo depositaron inconsciente en el pasadizo entre la fila<br />
de los asientos.</p>
<p>—Al hospital de Collique, hospital de Collique— gritaban unísono.<br />
—Esa noche hubo apagón, los doctores me operaron a la luz de velas, primo—<br />
—Era mi velorio, me comentaron—<br />
—Me visitó. No la he vuelto a ver, sé que trabaja en Huacho—</p>
<p>Su peculiar sonrisa esquiva me recuerda al barrio. Nos levantamos, un bolero marca nuestros pasos, salimos a la calle, el aire fresco de madrugada de la Potsdamer Straße golpea nuestros rostros, nos despedimos, se aleja tratando de que no se le note su cojera. Un bus de doble piso pasa rasante delante mío.</p>
<p>Berlín 1977 &#8211; 1988</p>
<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-right rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-right"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-44590" data-img="https://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/Berlin_01.jpg"></div></div></td></tr></table>]]></content:encoded>
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		<title>Mi experiencia con la Comunidad Q’ero</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Feb 2015 03:21:23 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Historias de Aventureros]]></category>
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		<category><![CDATA[Perú]]></category>
		<category><![CDATA[Q'eros]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: Jorge Abarca Pereda Existe en el ser humano la curiosidad por buscar respuestas que lleven a estar en armonía consigo mismo, con su familia y con la naturaleza. Normalmente la familia, el trabajo y el estrés hacen que uno aparte de sí mismo esa curiosidad para dar paso a cosas «concretas», «terrenales» y «objetivas». [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por: Jorge Abarca Pereda<br />
</strong><br />
Existe en el ser humano la curiosidad por buscar respuestas que lleven a estar en armonía consigo mismo, con su familia y con la naturaleza. Normalmente la familia, el trabajo y el estrés hacen que uno aparte de sí mismo esa curiosidad para dar paso a cosas «concretas», «terrenales» y «objetivas». En mí esa llama nunca se apagó, al contrario, ese calor y esa fuerza me ha llevado por caminos que nunca hubiese imaginado. Uno de esos caminos es el que me llevó a conocer la comunidad quechua Q’ero1 y me hace muy feliz haberlo hecho.</p>
<p>Y es que, ¿tener un buen trabajo, una linda familia y gozar de ello es el último objetivo de mi vida? Esa ha sido siempre mi pregunta y honestamente aún no lo sé. Cada uno tiene y vive su propia verdad, además tiene la necesidad de estar en lo correcto y definitivamente lo está. Quizás el origen de tanta desgracia en el mundo es la discordia y el ego que nos impulsa a imponer nuestra verdad sobre otros. Es importante decir que no es mi intención pretender tener la razón e insinuar que mi camino sea el correcto, lo que funciona para mí puede ser dañino para otro y viceversa. Esta es solo mi experiencia y la historia de mi verdad que la vivo con tanta intensidad y pasión, tanto como mi corazón me lo permite.</p>
<p><a href="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-20.jpg" rel="lightbox[4482]" title="qeros 20"><img class="alignright size-medium wp-image-4493" src="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-20-300x225.jpg" alt="qeros 20" width="300" height="225" /></a>Recuerdo una conversación con una mujer en Estocolmo el año 2010, charla muy interesante y bastante filosófica sobre la realidad que vivimos pero que no la percibimos con los sentidos comunes. Espiritualidad, chamanismo, experiencias sobre otra realidad, misterios que desafían a la razón y a lo ya conocido. Entonces esta amiga me recomendó leer a Alberto Villoldo sobre los Q’eros. Todo paso desapercibido hasta que por una casualidad me entere que algunos Q’eros venían a Estocolmo-Suecia para hacer Ceremonias «de pago a la tierra»<sup>2</sup> para sanar nuestra Pachamama<sup>3</sup> y hacer sanación a personas particulares. En ese entonces creía en las casualidades, pero después de estudiar brevemente a Carl Jung sobre la sincronicidad<sup>4</sup> y sus trabajos sobre el Iching<sup>5</sup>, como también después de algunas experiencias personales, estoy seguro que la casualidad no existe. Ese encuentro y conversación no fue casual, tengo la seguridad que estaba escrito en los astros que acompañan mi camino por la vida o lo que llamamos astrología. Vivimos en un universo donde las matemáticas nos ayudan a comprenderlo y allí debe buscarse el secreto de la predicción. Existe una serie de probabilidades para escoger caminos y tomar decisiones en nuestra vida, eso dependiendo de nuestra libre voluntad, la cual nos ayuda a escogerlos. Pero en este universo estamos limitados por nuestro nivel de conciencia, tanto para crear en la vida como para influenciar los posibles resultados debido a nuestra libre elección. En su teoría de la sombra, Carl Jung decía: «Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”.</p>
<p><a href="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-18.jpg" rel="lightbox[4482]" title="qeros 18"><img class="alignright size-medium wp-image-4492" src="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-18-300x225.jpg" alt="qeros 18" width="300" height="225" /></a>Hasta el día de hoy algunos Paqos<sup>6</sup> Q’eros nos visitan en Estocolmo cada año. Aquella vez no había otra manera de verlos y conversar en privado con ellos sino reservando una sesión. Me tomó seis meses hacerlo. Conocí a don Alejandro, cuando entré a la habitación de un centro de sanidad sueco para una hora de sanación, lo vi sentado en el suelo a pesar de haber sillones en la habitación. Me preguntó a través de un traductor cual era mi problema, le respondí que sentía que tenía mucha energía pero ese fuego, esa energía me llevaba a hacer cosas que no me satisfacían por completo, entonces me dijo que iba a trabajar conmigo al nivel del subconsciente. Cuando terminó la sesión me dijo que mi problema radicaba en mi Solar Plexus Chakra y tercer Ojo Chakra; emociones, sentimientos e intelectualidad estaban completamente en desorden. Mi primera sorpresa fue que los Q’eros conozcan y trabajen con los Chakras. Los Q’eros son una comunidad que vivió escondida de la civilización en lugares de 4500 metros de altura durante un poco menos de 500 años (escaparon del exterminio a que fue sometido la familia Inca por los conquistadores). Fue «descubierta» recientemente, aproximadamente hace 50 o 60 años<sup>7</sup>. Yo sabía que los Chakras eran un conocimiento que solo existía en la India, el Tíbet y China. Me quede perplejo, me dijo cosas sobre mí mismo que me sorprendieron. Inmediatamente actué como cuando escucho el llamado de mi corazón, —quiero ir a visitarlo a su comunidad don Alejandro— le dije. Me invitó a su comunidad y dos meses después, en el mes de julio, llegué al Cusco. Don Alejandro me esperó junto a su hijo Justo, llegamos a la comunidad de Quico, me sorprendió el lugar donde está situado, no había lugar más perfecto para una comunidad de cerca 300 personas a 4500 metros de altura, rodeado de hermosas montañas donde fácilmente se podía encontrar agua. Un pueblo «bien» escondido en los andes. Supe que un sacerdote danés había vivido con ellos por cerca de 30 años e hizo mucho por la comunidad con ayuda de organizaciones gubernamentales de su país. Recientemente el gobierno peruano ha declarado patrimonio cultural del Perú esas comunidades (ya que son 4 o 5), ahora se trabaja construyendo un camino entre Quico y la autopista más cercana que lleva al Cusco y Madre de Dios. El acceso en auto sólo llegaba hasta cierto lugar, luego se tiene que caminar algo de cinco horas hasta llegar a la comunidad misma. Caminamos cargando productos y nuestra cocinita para poder vivir con ellos por una semana. Cuando llegué a la comunidad, el hijo de don Alejandro me hizo repetir la frase en quechua: «no robes, no mientas, no seas ocioso», replicando «de la misma manera contigo hermano», un saludo mutuo. Me enamoré, si se puede decir así, de esa comunidad, de su gente y sobre todo de sus niños, saludables y alegres. Los Q’eros son muy humildes, honestos y llenos de lo que se llama buen corazón. Pero yo había llegado con una intención: quería saber en qué radicaba su ciencia, qué podía hacer don Alejandro, qué significaba las sanaciones a nivel energético con los Chakras, ¿era real? obtuve la respuesta tres días antes de dejar la comunidad Quico luego para regresar al Cusco.</p>
<p><a href="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-14.jpg" rel="lightbox[4482]" title="qeros 14"><img class="alignright size-medium wp-image-4491" src="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-14-300x225.jpg" alt="qeros 14" width="300" height="225" /></a>Cuando llegué a Quico era lunes, un profesor de la única escuelita que hay en la comunidad, vino a saludarme y darme la bienvenida, el miércoles volvió alarmado y me contó que una de sus colegas se había enfermado hace algunas semanas y su condición estaba empeorando drásticamente día a día. Volvió el jueves aún más preocupado, la profesora estaba empeorando críticamente, tenía dolores en los músculos de las piernas, le venía vértigos y el estómago se le contraía en especie de calambres, tenía dolor de cabeza, fiebre, deliraba y gritaba por las noches. El profesor me pidió medicinas, le regale todo lo que tenía en mi modesta bolsita de primeros auxilios. Me pidió que la llevase al Cusco, una alternativa era en caballo, habían intentado por muchos días conseguir ayuda desde la ciudad sin resultados. Parecía que la única posibilidad de salvarla era que yo la lleve en caballo hasta cierto punto donde un vehículo nos esperaría para llevarnos a la clínica más cercana. Me sentí incómodo pues le explique que en esas condiciones ella se podría morir en el camino, puesto que eran de tres a cuatro horas a caballo y con los calambres en el estómago y el dolor de piernas me parecía muy difícil creer que ella soportará el viaje. Aquella noche le conté lo sucedido a don Alejandro y dormí muy preocupado por una responsabilidad que sentí debía haber asumido. Al día siguiente don Alejandro me sugirió acompañarme a ver a la profesora. Fuimos a la escuela y la vi en pésimo estado, lloraba y se quejaba de dolores que eran <a href="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-12.jpg" rel="lightbox[4482]" title="qeros 12"><img class="alignright size-medium wp-image-4490" src="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-12-300x225.jpg" alt="qeros 12" width="300" height="225" /></a>imposibles de soportar, ya ni el sueño la calmaba porque tenía pesadillas debido a la fiebre. El profesor que me había dado la bienvenida tenía lágrimas en los ojos al igual que las demás profesoras. Una escena bastante triste y dramática. Don Alejandro nos pidió dejarlo solo con la profesora durante una hora y así lo hicimos. Al día siguiente, sábado por la tarde, alrededor de las 6 pm fui con don Alejandro a ver a la profesora, estaba en cama y se sentía mucho mejor, había podido conciliar el sueño y la fiebre había bajado considerablemente. Fue una tarde muy agradable, la pasamos conversando, tomando mate de coca y comiendo galletas. Mientras conversábamos, don Alejandro frotaba con sus manos el cuerpo de la enferma y siempre pedía con sus hojitas de Coca por la recuperación de la profesora. Luego hablé con todos los presentes sobre mis planes de cómo debíamos proceder al día siguiente para llevar a la profesora a caballo hacia el Cusco. Acordamos que al día siguiente yo regresaría a las 7am equipado para llevarla al Cusco. El domingo a las 6:30 am regresamos a la escuela con don Alejandro para comenzar los preparativos para nuestro viaje, vimos que había actividad en la cocina, una profesora muy contenta nos invitó a tomar desayuno, entramos a la cocina y la profesora que había estado mal y supuestamente debía venir conmigo al Cusco estaba preparando el desayuno. Como es típico en los andes, el desayuno parecía un almuerzo. Estaba sonriente y completamente restablecida, muy contenta de sentirse bien. Yo me quedé asombrado, no pude evitar unas lágrimas de alegría y de alivio, agradecimos a don Alejandro quien muy humildemente aceptaba nuestro agradecimiento pero que no quería atribuir nada extraordinario a lo que había hecho. Sentí algo muy diferente en mi corazón y en ningún momento traté de preguntar a don Alejandro (motivado por mi Ego) cómo es que lo había hecho. Sentí que, de algún modo, «comprendía» lo que había pasado y a la vez no era importante para mí traducirlo en palabras. Entendí que mi corazón había recibido la respuesta a muchas pregunta que tenía cuando fui a visitar a los Q’eros, me sentí bendecido y muy agradecido a lo divino por haberme dado esa oportunidad maravillosa de escuchar, confiar en mi corazón y sobre todo de conocer a los Q’eros. A partir de entonces voy cada año a visitarlos y los quiero tanto como ellos a mí, les llevo presentes y ayudo económicamente cuando puedo, les estoy eternamente agradecido por enseñarme a vivir de mejor manera, a sentir diferente y confiar con el corazón, en lo divino que somos. Cada día que estoy con ellos es una lección de vida para mí y no hay dinero ni ganancia material que pueda reemplazar el aprecio y gratitud que mi corazón siente hacia ellos.</p>

<a href='https://www.ciberandes-magazin.com/2015/02/mi-experiencia-con-la-comunidad-qero/qeros-5/'><img width="150" height="150" src="https://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-5-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="qeros 5" /></a>
<a href='https://www.ciberandes-magazin.com/2015/02/mi-experiencia-con-la-comunidad-qero/qeros-10/'><img width="150" height="150" src="https://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-10-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="qeros 10" /></a>
<a href='https://www.ciberandes-magazin.com/2015/02/mi-experiencia-con-la-comunidad-qero/qeros-8/'><img width="150" height="150" src="https://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-8-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="qeros 8" /></a>
<a href='https://www.ciberandes-magazin.com/2015/02/mi-experiencia-con-la-comunidad-qero/qeros-11/'><img width="150" height="150" src="https://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-11-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="qeros 11" /></a>
<a href='https://www.ciberandes-magazin.com/2015/02/mi-experiencia-con-la-comunidad-qero/qeros-2/'><img width="150" height="150" src="https://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-2-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="qeros 2" /></a>
<a href='https://www.ciberandes-magazin.com/2015/02/mi-experiencia-con-la-comunidad-qero/qeros-1/'><img width="150" height="150" src="https://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-1-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="qeros 1" /></a>
<a href='https://www.ciberandes-magazin.com/2015/02/mi-experiencia-con-la-comunidad-qero/qeros-6/'><img width="150" height="150" src="https://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-6-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="qeros 6" /></a>

<hr />
<p><span style="font-size: xx-small;"><strong>1.</strong> Q’ero es una comunidad quechua en la Provincia de Paucartambo en el Departamento del Cusco en el Perú.<br />
<strong>2.</strong> Ritual andino en el cual intervienen miembros de una comunidad para dar gracias por distintas cosas o hechos y también para pedir favores.<br />
<strong>3.</strong> Pachamama significa ‘Madre Tierra’<br />
<strong>4.</strong> Término elegido por Carl Gustav Jung para aludir a «la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal»<br />
<strong>5.</strong> Libro oracular chino cuyos primeros textos se suponen escritos hacia el 1200 a. C. Es uno de los Cinco Clásicos confucianos.<br />
<strong>6.</strong> En Q&#8217;eros, a los Sacerdotes se les llama PAQOS<br />
<strong>7.</strong> Ver trabajos de Dr. Oscar Núñez del Prado y Alberto Villoldo.</span></p>
<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-right rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-right"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-44830" data-img="https://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/qeros-21.jpg"></div></div></td></tr></table>]]></content:encoded>
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		<title>Aquellos días en Berlín &#8211; Capítulo II</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Jun 2014 18:52:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ciberandes]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias de Aventureros]]></category>
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		<description><![CDATA[Por: Celso Huanccollucho Mi estancia en Samariter Strasse – Rigaer Strasse. La calle Samariter, cómo así llegue a conocer el lugar a donde Ralf nos llevó. Era una casona casi abandonada; parecía bombardeada. En la mayoría de los pisos las habitaciones no tenían puertas ni ventanas. Ralf vivía en el tercer piso, por doquier se [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por: Celso Huanccollucho</strong></p>
<div id="attachment_4755" style="width: 216px" class="wp-caption alignright"><a href="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/Samariter_2.jpg" rel="lightbox[4753]" title="Samariter Strasse"><img class="size-medium wp-image-4755" src="http://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/Samariter_2-206x300.jpg" alt="Samariter Strasse" width="206" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Samariter Strasse</p></div>
<p>Mi estancia en Samariter Strasse – Rigaer Strasse. La calle Samariter, cómo así llegue a conocer el lugar a donde Ralf nos llevó. Era una casona casi abandonada; parecía bombardeada. En la mayoría de los pisos las habitaciones no tenían puertas ni ventanas. Ralf vivía en el tercer piso, por doquier se veía televisores ensamblados en alambres con púas, las paredes del edificio tenían pintas con motivos alusivos a un movimiento juvenil conocido como los anarquistas PUNKS- grupos alternativos. Miré todos los rincones, había dormitorios, cocinas y baños destruidos sin ventanas y sin puertas. Mi hermana y yo nos miramos sorprendidos, pero le hice un gesto de aceptación, –peor a nada– pensé. Ralf rompió el silencio y nos dijo: aquí vivo y si desean pueden acomodarse en este rincón y nos señaló una esquina; también nos dijo: la casa tiene luz, gas y agua, sólo que no tiene calefacción a gas, la estufa es de carbón, pero hay que limpiarla. De pronto escuché pasos por el corredor del piso, vi a dos personas acercándose hacia nosotros, Ralf nos dijo que eran del África, uno se llama Asoloc y el otro Mais. Llegó luego otro hombre, era kurdo se llamaba Naser (no era su nombre verdadero).</p>
<p>Finalmente nos acomodamos, me acurruqué con un poncho de los Q’eros (Comunidad Quechua del Perú) que había llevado, tenía diseños raros, era de color rojo y negro. Antes de quedarnos dormidos sentí el calor que existe debajo de un poncho, mis sueños me arrastraron a los sitios donde alguna vez estuve, en aquellas altas montañas de púrpura blanca y de ese ocre arcilloso, sentía la caricia de esos aires tibios, casi perfumados, olor a margaritas, begonias y rosas silvestres. Estaba allí, tirado en las pampas verdes contemplando el alto vuelo de las águilas, de los karakaras agresivos; sentí que mi alma se transformaba en águila negra, por un momento domine los cielos, me perdí en los precipicios. Habría que ser como el águila para dominar los cielos y para no temerle a los precipicios. Desperté sobresaltado, parecía que ya amanecía, el frío había castigado mi hombro, sentía dolor en el cuello y empecé a conversar conmigo mismo, me preguntaba qué hacer para seguir adelante, en mi mente nacieron miles de dudas: ¿dónde pasaremos el invierno?, ¿podremos quedarnos definitivamente en Samariter?, ¿quiénes serán los dueños de esta casa? También me preguntaba si podría alquilar un cuarto ahí y en caso fuera así, cuánto costaría. Las respuestas me las daría más tarde Ralf o tal vez Asoloc o Naser. Ya el día estaba más claro, veía como en el cielo se rayaba una estela efímera que había dejado un avión desconocido, la paz y la calma aún reinaban en la calle Samariter. Quizás era muy temprano para levantarse, mas para mí era imposible seguir durmiendo. De pronto empezó en mí esa ansia de volver a la tierra amada, una congoja se anudaba en mi garganta y me preguntaba qué había hecho para estar hoy tan lejos de todo aquello que tanto amaba; quién trazaba ese camino de esta suerte furtiva y por qué en mí aún no se iluminaba esa visión que define los pensamientos y las ideas. Creo que muchas veces necesitamos de esa energía cósmica, de ese haz de luz astral que programa el empuje, la audacia de dar el gran salto y así me dije: “Hombre nunca tires la toalla y no me llores carajo, que para tener el temple de acero necesitamos las aguas de ríos enteros y que martilles el combo en el yunque de ese hierro dulce, cuanto más golpees ese temple, más fuerte serás”. Tenía que darme fuerzas para seguir adelante.</p>
<p>Ese día quise acompañar a Ralf, él hablaba un poco de español, entonces le pregunté: “¿Ralf, yo puedo enseñarte el español a cambio podrías tú ensenarme el alemán?”. Él se rio a carcajadas y yo seguí insistiendo para obtener una respuesta y logre que me dijera: “ Was ist los Alter?” (¿Qué pasa Viejo?). No entendí esas palabras en el momento, pero de la forma como lo dijo capté perfectamente lo que quería decirme, pero intrigado me preguntaba qué cosa realmente me habría dicho. Callé y salimos en dirección a la estación del metro, luego me dijo: iremos a Alexanderplatz, allí aún está pasando. No entendí lo que quiso decirme hasta el día siguiente donde me afirmó diciendo: “Ayer pasó más o menos”. O sea que le fue algo mejor que otros días con sus ganancias.</p>
<p>Saliendo del Metro en Alexanderplatz nos dirigimos a la puerta del centro comercial Kaufhof y me sorprendió ver peruanos y ecuatorianos que vendían artesanías en sus pequeños tableros, me alegre mucho, porque sabía que encontraría a alguien con quien conversar y averiguar cómo hacían ellos para sobrevivir en un país tan distinto al nuestro; también se veían muchos grupos de músicos que tocaban sus quenas, zampoñas y charangos y alrededor de ellos la gente disfrutaba de las melodías del ande como los San Juanitos, Tinkus, huaynos etc. Ahí lo clásico de la mayoría de los músicos era llevar la cabellera larga, esa era la forma de identificarse con el hombre del ande, de aquellos andes sudamericanos donde el hombre es un poco robusto, de tez cobriza y nariz aguileña, los pómulos casi sobresalientes; allí mi alma se perdió al son de los jarawis que un ayacuchano solitario, en su temple, triste interpretaba. Él añoraba también la tierra amada, la tierra distante, cantaba al amor lejano, aquel amor perdido en el olvido; allí en esa plaza lloré de emoción, aunque la congoja ahogaba mi garganta, no permitía que mi alma vuele. Pero entonces vi una parvada de aves que migraban hacia el sur, haciendo sendas hermosas, entonces grité para mí como cuando era niño y estaba en las altas montañas de los andes sudamericanos: “Avecita, avecita, tírame tus plumitas para yo volar junto a ti”. Cuando gritaba en el medio de la montaña, el eco repetía mi voz hasta tres veces, contestando a mi angustia con voz fuerte y suave y entendía que en el cielo se pintaba mi esperanza e ilusión de volver a casa y abrazar a los seres amados. Me limpié las lágrimas, no sentí vergüenza por haber llorado, más aún se fortaleció mi ansia de alcanzar los cielos tan lejanos para mí en esos días.</p>
<p>Luz, Ralf y yo entramos al Kaufhof, la gente apurada hacía compras y trasladaban en unos carritos todo lo comprado hacia sus autos, tropezamos con una muchacha que se llamaba Karla (Tika), venía desde otra ciudad de Alemania. Era una muchacha amorosa, simpática, en sus labios estallaba la risa, su sueño era encontrar el amor de su “Visa”. Que mala suerte la mía que puros ilegales, kurdos y árabes me enamoren, yo vine de Costa Rica, no a cosechar plátanos, pues eso abunda en mi país –decía ella– a lo que Ralf respondía: “Ya encontrarás pronto, hay muchos pero pocos se atreven a conquistar a una latina”. Ella estalló en carcajadas, se podía ver sus cabellos rizos de color negro. Mientras en mi mente tejía telarañas, –al fin encontré una amiguita para mi hermana– me decía, ella como nosotros buscaba un lugar donde cobijarse, y así llego Karla “La Tika” a Samariter – La Rigaer Strasse.</p>
<p>Continuara&#8230;</p>
<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-right rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-right"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-47540" data-img="https://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2015/06/Samariter_1.jpg"></div></div></td></tr></table>]]></content:encoded>
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		<title>Aquellos días en Berlín &#8211; Capítulo I</title>
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		<pubDate>Sat, 17 May 2014 06:08:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ciberandes]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias de Aventureros]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Por: Celso Huanccollucho</p>
<p>Hay memorias, recuerdos, que unas veces se desvanecen a través del tiempo , otras veces se esfuman, como esas vidas efímeras, como la neblina que se expande, opacando en el momento, luego desaparece; así es esta pequeña historia de una etapa en mi vida que hoy quiero narrarles, para que no se pierdan en el tiempo, sino estén en vuestro recuerdo y ello acaricie también la historia de vuestras vidas, creo que es similar a la vuestra, porque sucedió lejos de la Patria, lejos de aquello que nos arraiga, nos aferra a la tierra donde nacimos, el calor de su alma, su fuerza infinita.</p>
<p>Eran aquellos años de guerra interna en mi patria, años de deportación forzada, era necesario partir a cualquier rincón del mundo, dejando lo más querido, así muchos peruanos llegamos a Berlín, pero la migración ya había sido fuerte porque también bolivianos,  ecuatorianos, colombianos etc., se encontraban en esta ciudad: Berlín.</p>
<p>Yo llegue a Berlín cuando aun el invierno no estaba presente, pero se sentía el murmullo de las hojas muertas que se rastrillaban en las calles, parques, casi todos los arboles estaban desnudos, desflorados, alrededor mío veía montañas de edificios, montañas de cemento, pero como un mundo bullicio, la gente caminaba apurada, entre morenos, cobrizos, chinos, rubios. Así, sin darme cuenta me encontraba ya en Alexanderplatz, el primer lugar que conocí, lugar de muchos inmigrantes como yo, más tarde comprendí que en esta plaza se reunían todos aquellos que querían desahogar sus tristezas, reír con los que hablaban su idioma y festejar, si así lo exigía el momento, pues los recuerdos jalaba aquello que habían dejado; los peruanos vendiendo su música , los turcos sus verduras y frutas, los cubanos que escaparon de Fidel pululaban con sus licores, muchos decían que eran “ Los Gusanos”, los yugoslavos timaban a la gente, con ese juego de mesa que hacían ellos; el Eins, Zwei, Drei ( uno, dos, tres) esta es la que gana, esta es la que pierde; muchos caían en el juego yugoslavo, perdían cientos de marcos, por ese motivo la policía se presentaba a cada instante en la plaza y perseguía a los yugoslavos y los arrestaba , allí caían indocumentados, sospechosos, es así que entonces se veía en ese momento como desaparecían todos para no caer en manos de ellos por la redada que hacían.</p>
<p>Sentado en una patilla de la plaza, mientras pensaba que hacer en esta ciudad, como empezar esta nueva etapa en mi vida, veía casi el marchar de los transeúntes, hombres y mujeres cada quien susurrando palabras incomprensibles para mi, alemanes, polacos, vietnameses, rusos; en eso escuche a alguien que me decía: ¿paisita eres peruano?, Y conteste apresuradamente –por supuesto – A lo cual me respondió –claro ya lo sabía, puesto que tienes casi los mismos rasgos que los otros peruanos– así luego le pregunte: ¿y tú de dónde eres mi querido amigo?. Me contesto: ¡alemán!; ¿alemán? me dije, lo observe bien, tenía la cabellera larga, una vincha cubría su frente, era de talla mediana, sus ojos avivados, de mirada penetrante, su nariz era casi aguileña, llevaba una guitarra al hombro, como un romántico aventurero.</p>
<p>–Me llamo Ralf Meyer, ¿y tú?–, le respondí casi afanado Celso. Luego le conté que buscaba trabajo, que había llegado hace pocos días, que buscaba casa para poder vivir aquí en Berlín, él me respondió: ya sé, todos ustedes buscan lo mismo; yo trabajo aquí en la estación del tren (S-Bahn), estaré un par de horas, luego si quieres vamos a mi casa, allí puedes quedarte algunos días. Yo feliz respondí: claro que si, gracias Ralf; mis pensamientos corrieron a la velocidad del tiempo, quise descifrar mi futuro con ese código llamado esperanza, con esa ilusión de que algún día mis malos momentos serán dulces recuerdos de mi vida y también a mis ojos desfilaban todos aquellos a quienes había dejado en mi tierra cargado de sueños y esperanzas; también en mis oídos estallaban aquellas sabias palabras de mi madrecita; hoy era blanda la dureza de mi padre y así me dije : “Se fundirán mis debilidades como el hierro que se funde en el crisol con el fuego y ese caldo fundido estallara al contacto de mis agallas”… Atikummi, Atikummi (si se puede, si se puede).</p>
<p>El frio de la tarde en la plaza, acariciaba mi rostro con su manto gélido, un frio casi helado, la sombra del ocaso se agigantaba como un monstro para cubrir la luz agonizante de la muerte del día, mi hermanita apareció casi apresurada en la puerta del Kaufhof, el centro comercial más grande que había visto en mi vida, Luz que así se llama mi hermanita, me dijo: no hay nada, solo lo de Ralf. Yo ya le había comentado la propuesta de que nos alojaría en su casa; fuimos a buscarlo a la estación del metro de Alexanderplatz, era todo un laberinto, me parecían túneles que penetraban hacia el fondo de la tierra, veía como los túneles se tragaban cientos de gente al bullicio del chirriar de los rieles y llantas de los trenes. Finalmente encontramos a Ralf, trabajando en el pasadizo del U-Bahn 8 (línea de tren 8), apoyado en la pared del lado derecho tenía un pedazo de franela tendido en el piso, tocaba su guitarra a cambio de una moneda, nos acercamos sigilosamente, nos guiño el ojo y nos dijo: tengo que llegar a 20 marcos, la gente está muy dura, creo que ya no pegan mis canciones. Para mi creo que era heroico su trabajo, rascar la guitarra con temas que no le gustaba a la gente, el eco de su melodía se perdían junto a la muerte del día y así casi automáticamente al cabo de minutos nos dejamos engullir por el U-Bahn 5; mi Hermana, Ralf y yo.</p>
<p>Ralf nos decía que solo eran cuatro estaciones a Samariter Str. y la Rigaer Str; así fue como llegue allí tan lejos de mi tierra, a ese lugar que posteriormente lo llamaron “La trinchera de America”, aquellos días nuestra tristeza, nuestra audacia, nuestros sueños habían parido ciertamente aquel “Pukara” (Fortaleza), donde cada día, cada uno de nosotros salíamos de ahí a las calles de Berlín con nuestras esperanzas al lomo, como verdaderos guerreros a cosechar triunfos, decíamos “ iremos a recoger los centavos de las calles”, ciertamente había muchos centavos por doquier, solamente había que saber recogerlos.</p>
<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-right rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-right"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-990" data-img="https://www.ciberandes-magazin.com/wp-content/uploads/2014/05/Berlin_Alexanderplatz.jpg"></div></div></td></tr></table>]]></content:encoded>
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